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El miedo que no se ve: víctimas de violencia doméstica en Georgia temen pedir ayuda por su situación migratoria

Organizaciones que trabajan con sobrevivientes advierten que el temor a la deportación, a perder a los hijos o a ser arrestadas puede retrasar una denuncia y mantener a muchas víctimas en relaciones abusivas. Las llamadas a una línea estatal han disminuido, pero los especialistas advierten que las estadísticas no pueden mostrar cuántas personas permanecen en silencio

Una mujer que sobrevivió a la violencia doméstica sabe lo que significa tener miedo de pedir ayuda.

Cuando su hija tenía apenas cuatro meses, decidió llamar a la policía para detener el abuso constante de su pareja. Lo que ocurrió después cambió su vida: terminó arrestada.

Su experiencia ayuda a explicar una preocupación que hoy enfrentan organizaciones que trabajan con víctimas de violencia doméstica en Georgia: el miedo puede convertirse en otra barrera para pedir ayuda, especialmente cuando la víctima es inmigrante y teme que una llamada a la policía termine afectando su situación migratoria.

“Yo tenía mucho miedo de denunciar a mi agresor”, relató una sobreviviente durante una entrevista con NotiVisión Georgia. (quien preferió mantenerse en el anonimato).

 

El temor migratorio está cambiando la forma de pedir ayuda

Norma Mendoza, directora del Programa Multicultural del Centro contra la Violencia Familiar en Cherokee, explicó que las organizaciones están escuchando cada vez más preguntas relacionadas con inmigración.

Las víctimas preguntan si la policía las ayudará, si alguien les pedirá información sobre su estatus migratorio o si llamar a las autoridades podría ponerlas en contacto con inmigración.

“Sí está creando miedo y lo podemos ver específicamente porque nuestros números han bajado”, señaló Mendoza.

La organización recibió 552 llamadas durante 2024 y 406 durante 2025. En agosto de 2024 fueron 52 llamadas; en agosto de 2025, 43; y en agosto de 2026, 24.

Pero hay una advertencia importante: la disminución de las llamadas no demuestra por sí sola que el descenso se deba al miedo migratorio. Lo que sí muestra es que hay menos personas llegando directamente a la línea en busca de ayuda.

Y hay una parte del problema que ninguna estadística puede contabilizar.

“Lo que más preocupa es lo que las estadísticas no pueden medir: las víctimas que no denuncian y permanecen en silencio”, explicó Mendoza.

Norma Mendoza, directora del Centro Contra la Violencia Familiar, CFVC, del Condado de Cherokee, responsable de la atención de la única línea de emergencias por violencia doméstica en español que tiende todo el estado de Georgia, explica el impacto de este fenómeno en la comunidad hispana.
Norma Mendoza, directora del Centro Contra la Violencia Familiar, CFVC, del Condado de Cherokee, responsable de la atención de la única línea de emergencias por violencia doméstica en español que tiende todo el estado de Georgia, explica el impacto de este fenómeno en la comunidad hispana.

Cuando el estatus migratorio se convierte en una herramienta de control

En una relación abusiva, el agresor puede utilizar diferentes formas de poder y control: violencia física, amenazas, abuso emocional, control económico o incluso los hijos.

Para las víctimas inmigrantes, la situación migratoria puede convertirse en otra herramienta de control.

Mendoza explicó que durante años han escuchado amenazas como: “voy a llamar a inmigración para que vengan a deportarte” o “tú no tienes derechos sobre los niños”.

También pueden aparecer amenazas relacionadas con los documentos migratorios: un agresor que tiene estatus legal puede utilizar la situación migratoria de su pareja para mantener el control sobre ella.

“Ahora más que nunca, es el poder y control sobre la situación migratoria”, explicó Mendoza.

El problema es que una amenaza repetida durante meses puede terminar pareciendo una realidad inevitable para la víctima.

Por eso, uno de los objetivos de las organizaciones es explicar qué derechos existen realmente y separar el miedo de los riesgos que efectivamente pueden presentarse.

¿Una víctima necesita demostrar su estatus migratorio?

Jennifer Hamamoto, directora del Departamento de Servicio de Inmigración de Latin American Association y abogada especializada en casos de víctimas de violencia, explicó que una persona indocumentada que sufre violencia doméstica puede pedir ayuda y denunciar el abuso.

Según su experiencia de más de dos décadas trabajando con víctimas, nunca ha visto que un agente de policía le exija a una víctima demostrar su estatus migratorio para poder presentar una denuncia.

Lo que sí puede solicitarse es una identificación para confirmar la identidad de la persona.

“Una víctima de delito no debería por sí temer contactar a la policía para reportar el delito”, afirmó Hamamoto.

La abogada también explicó que existen protecciones y procesos migratorios para determinadas víctimas de delitos. Sin embargo, hizo una precisión fundamental: denunciar un delito no significa automáticamente obtener un beneficio migratorio.

Jennifer Hamamoto, directora del Departamento de Servicio de Inmigración de Latin American Association y abogada especializada en casos de víctimas de violencia

El riesgo existe cuando la víctima termina siendo identificada como agresora

Las entrevistadas también describieron una situación especialmente preocupante.

En algunos casos de violencia doméstica, cuando la policía llega a una vivienda puede resultar difícil determinar inmediatamente quién fue la víctima y quién inició la agresión.

Mendoza explicó que recientemente han visto casos en los que una mujer, después de soportar durante mucho tiempo la violencia, termina defendiéndose físicamente. Puede empujar, rasguñar o intentar detener al agresor.

Cuando llegan las autoridades, esa última acción puede hacer que la víctima sea identificada como agresora y termine detenida.

“Hay que prevenir”, dijo Mendoza. Su recomendación es buscar orientación antes de que la violencia llegue a ese punto, cuando todavía sea posible conocer las opciones y elaborar un plan de seguridad.

La situación puede volverse mucho más compleja si la víctima es arrestada, porque entonces puede enfrentar simultáneamente un proceso criminal, problemas relacionados con sus hijos y, dependiendo de sus circunstancias, riesgos migratorios.

Hamamoto también explicó que existen situaciones en las que una persona arrestada sin estatus migratorio puede quedar expuesta a procedimientos de inmigración. Por eso, distinguir correctamente quién es la víctima y quién es el agresor puede ser determinante.

 

Los hijos son otra de las razones por las que muchas mujeres callan

El miedo a perder a los hijos aparece con frecuencia en las conversaciones con las víctimas.

Algunas mujeres reciben amenazas de que, si denuncian, el agresor se quedará con los niños.

Pero Hamamoto explicó que no tener estatus migratorio no significa automáticamente perder la custodia de los hijos.

En una determinación de custodia, el tribunal analiza factores relacionados con la seguridad y el bienestar de los menores. Cada situación es diferente y requiere una evaluación legal específica.

Por eso, las especialistas insistieron en que las víctimas no deben tomar decisiones basadas únicamente en lo que les dice su agresor.

“Muchos agresores se aprovechan del temor que la víctima tiene de ser detenida o deportada para mantener a la víctima en una situación de abuso y de control”, explicó Hamamoto.

Hay ayuda antes de denunciar

Una de las ideas centrales de las entrevistas es que pedir orientación no significa necesariamente que la persona tenga que denunciar inmediatamente.

La línea estatal de violencia doméstica de Georgia, 1-800-334-2836, funciona las 24 horas, los 365 días del año.

Mendoza explicó que una persona puede llamar simplemente para conversar, explicar qué está ocurriendo, conocer los recursos disponibles y elaborar un plan de seguridad.

Los programas pueden ayudar a identificar recursos en el condado donde vive la víctima, buscar refugio, acceder a grupos de apoyo, solicitar orientación sobre órdenes de protección y conectarse con otros servicios.

En Georgia existen 46 programas de violencia doméstica que pueden ofrecer acompañamiento, incluidos servicios para personas que necesitan atención en su idioma.

“Eres mucho más valiente de lo que crees”, dijo Mendoza al dirigirse a las víctimas. “Mereces una vida libre de violencia, mereces estar a salvo, mereces no tener miedo”.

 

Visa U y VAWA: existen opciones, pero nada es automático

Para algunas víctimas de determinados delitos existen mecanismos migratorios que podrían ofrecer una vía de protección.

Hamamoto explicó que uno de ellos es la visa U, destinada a víctimas de ciertos delitos que cumplen requisitos específicos, entre ellos haber sufrido el delito y colaborar con las autoridades en la investigación o el proceso criminal.

Pero hizo una aclaración importante: presentar una denuncia no garantiza una visa U.

También explicó que una certificación firmada por una agencia policial o fiscalía es parte del proceso, pero esa certificación tampoco significa que USCIS aprobará automáticamente el beneficio.

Otra protección que puede aplicar en determinadas circunstancias es VAWA, relacionada con víctimas de violencia doméstica cometida por determinados ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes. Hamamoto aclaró que también los hombres pueden ser víctimas y, dependiendo de las circunstancias, estar protegidos bajo esta legislación.

La recomendación de la abogada es buscar asesoría de organizaciones reconocidas o abogados con experiencia específica en este tipo de casos.

También pidió desconfiar de quienes prometen resultados garantizados.

“Alguien que le prometa conseguir permiso de trabajo en seis meses o que le garantice 100% que todo saldrá bien, yo no confiaría”, advirtió.

Octubre: un llamado que va más allá de las víctimas

Octubre es el mes de concientización y prevención de la violencia doméstica, una oportunidad para hablar no solamente con quienes están viviendo una situación de abuso, sino con toda la comunidad.

Mendoza recordó que la violencia doméstica no es solamente un problema de una familia.

También involucra a vecinos, familiares, amigos, escuelas, organizaciones, autoridades y comunidades enteras.

“Todos somos parte de la solución”, afirmó.

Eso significa aprender a reconocer una relación saludable, enseñar a los niños sobre el respeto, saber dónde buscar ayuda y no normalizar las amenazas, el control o la violencia.

También significa entender que una persona puede necesitar tiempo para salir de una relación abusiva.

El silencio también tiene consecuencias

Las cifras pueden mostrar cuántas personas llamaron, cuántas recibieron servicios o cuántos casos llegaron a las autoridades.

Pero no pueden mostrar a la persona que nunca llamó.

No pueden contabilizar a la mujer que tuvo miedo de que le quitaran a sus hijos. A la que creyó que podía ser deportada. A la que fue amenazada por su pareja. A la que no sabía que podía pedir ayuda. O a la que esperó hasta que la violencia se volvió tan grave que ya no pudo ocultarla.

Por eso, el mensaje de las especialistas no es que todas las situaciones tengan la misma respuesta. Es exactamente lo contrario: cada caso debe evaluarse individualmente y con información confiable.

Para una persona que vive violencia, pedir orientación puede ser el primer paso, incluso antes de decidir qué hacer.

La línea estatal 1-800-334-2836 está disponible las 24 horas, los 365 días del año.

Y si existe peligro inmediato, la prioridad es buscar ayuda de emergencia.

Porque detrás de cada llamada hay una historia. Pero detrás de cada llamada que nunca se hace puede existir una víctima que todavía está esperando saber si está segura para pedir ayuda.

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