Hay verdades que solo salen a la luz cuando la tierra tiembla
Los terremotos que sacudieron a Venezuela no solo dejaron destrucción y dolor. También expusieron las profundas heridas de un país marcado por años de deterioro institucional y una gestión gubernamental incapaz de responder a las necesidades de su gente.

Salí de Venezuela hace años. Pero nunca me fui del todo.
Porque uno puede cambiar de país, construir una nueva vida y levantar nuevos proyectos, pero jamás deja de sentir como propio el dolor de la tierra donde nació.
Estos días he seguido cada noticia, cada imagen y cada testimonio que llega desde Venezuela tras los terremotos registrados el 24 de junio de 2026. Y, aunque el origen de esta tragedia es un fenómeno natural, hay algo más que ha quedado expuesto frente a los ojos del país y del mundo.
No son solo edificios agrietados.
Es un sistema que parece incapaz de responder con la rapidez y los recursos que una emergencia exige.
Las imágenes hablan por sí solas. Hospitales con enormes limitaciones. Personal médico haciendo lo imposible con lo poco que tiene. Equipos de emergencia insuficientes. Comunidades esperando ayuda. Familias que, en medio del miedo, también enfrentan la incertidumbre de no saber si habrá atención cuando más la necesitan.
Como venezolana, duele profundamente.
Porque detrás de cada video y de cada fotografía no veo únicamente una emergencia causada por la naturaleza. Veo el reflejo de un deterioro que millones de venezolanos han denunciado durante años y que hoy resulta imposible ignorar.
Las tragedias no distinguen ideologías ni colores políticos. Golpean por igual a quien piensa diferente y a quien apoya al gobierno. Cuando la tierra tiembla, todos necesitan un hospital que funcione, una ambulancia disponible, equipos de rescate preparados y autoridades capaces de responder.
Hoy, la emergencia ha puesto bajo una luz implacable las carencias que durante mucho tiempo formaron parte de la vida cotidiana de los venezolanos y que, fuera de momentos como este, muchas veces pasan desapercibidas.
Lo más doloroso es pensar que quienes siempre terminan pagando el precio son los ciudadanos.
Son las madres buscando atención para sus hijos.
Los adultos mayores esperando asistencia.
Los médicos enfrentando la emergencia con recursos limitados.
Los rescatistas haciendo más de lo humanamente posible.
Y un pueblo que, una vez más, demuestra una enorme capacidad para ayudarse entre sí cuando las instituciones no alcanzan a responder a la magnitud de la crisis.
Este no es un momento para celebrar que alguien tenía razón.
Es un momento para reconocer el sufrimiento de un país que merece mucho más.
Como CEO de NotiVisión Georgia y, sobre todo, como venezolana, no puedo mirar estas imágenes con indiferencia. Informar también es una forma de acompañar. Es negarse a normalizar el dolor. Es recordar que detrás de cada titular hay seres humanos que necesitan solidaridad, atención y respuestas.
Porque los terremotos pasarán.
Pero las profundas heridas que hoy quedan al descubierto no desaparecerán cuando deje de temblar la tierra.



