Veintiún horas en una celda de castigo: así es la nueva realidad del reportero Mario Guevara
El reportero abrió su corazón, agradeciendo a la comunidad su apoyo y dijo que era consciente de todo lo que estaba viviendo

Cuando el firme portón de hierro tronó desafiante a mis espaldas, quise volver atrás mi rostro para verle de nuevo y solo alcancé a distinguir el suyo por medio de una minúscula abertura de vidrio templado y su mano que nos despedía otra vez, en un adiós que me estremeció más, que cualquier otro momento de la hora y 20 minutos que acabábamos de compartir juntos.
Eran las 3:47 minutos de la tarde cuando una guardia de seguridad del Centro de Procesamiento de Inmigración de Folkston, en la frontera sureste entre Georgia y Florida, nos advirtió que nuestro tiempo se había agotado y que debíamos salir.
No tardamos en levantarnos, no porque quisiéramos que el momento terminara tan pronto, sino por la tensión que habíamos vivido durante las 12 horas previas al mismo, y en el fondo y por qué no decirlo, por el temor que infunde estar en uno de esos lugares en estos días en que el país viene afrontando el mayor desafío de su historia: la pérdida de sus fundamentos constitucionales.
Un largo camino

Llegar a Folkston, la sede del condado de Charlton, el más sureño de Georgia, toma alrededor de 5 horas desde Atlanta, dependiendo el momento del día que se escoja para conducir, se considera la puerta de entrada al pantano de Okefenokee, de ahí que su insignia oficial sea un gigantesco cocodrilo, cuya figura encuentra uno arrastrándose en distintos lugares del pueblo.
Para ver al “reportero de MG News” como él mismo se hace llamar, colega y amigo Mario Guevara, salimos en la madrugada desafiando los amagos de lluvia hasta casi la mitad del camino, llegando a las puertas del Folkston ICE Processing Center a las 7:45am, justo para registrarnos a primera hora y poderle saludar, conocer su estado de ánimo, llevarle mensajes de sus amigos que no le han podido hablar y sobre todo, para acompañarle, al final, si optaba por autorizarnos escribir algo sobre su situación, ya era ganancia.
Fuimos el segundo grupo de personas que cruzó las tres primeras puertas de seguridad antes de llegar al estrecho lobby donde dos mujeres, a las que parece habérseles negado el derecho de sonreír atienden a los que llegan ojerosos y cansados a ver a sus familiares, nos pidieron un número que no llevábamos y fallamos nuestro primer intento.
Sucesivamente fallamos el segundo, y al tercer intento con un número provisto por su familia, pudieron localizarlo en una lista infinita de nombres impresos en manojos de hojas semi arrugadas y amarillentas del constante manoseo. Por supuesto, ahora fue la interlocutora quien falló todos los amagos por pronunciar su apellido correctamente, pero nosotros suspiramos de felicidad, cuando supimos que estábamos avanzando.
A las 8:30 ya no cabíamos en el lugar, había mujeres con niños en los brazos, unas que parecían madres, otras que parecían esposas otras que parecían hijas, hombres que parecían ser padres, unos que parecían ser hijos otros que parecían ser pastores, otros como nosotros, que parecíamos estar perdidos y desconcertados porque no nos daban razón a qué horas podríamos entrar.
A las 8:40 una de las asistentes, nos dijo que debíamos regresar a las 2:30 de la tarde sin darnos una explicación.
Al preguntarsele el ¿Por qué?, la mujer no tuvo una respuesta y evitando mirarnos a los ojos, repitió de manera mecánica.
“Deben regresar a las 2:30 de la tarde”, sentenció.
Un pueblo solitario

Si usted cree que los pueblos del sur son aburridos, es porque no conoce Folkston. De las seis horas que entonces teníamos para esperar nuestra cita, no tardamos más de media en recorrerlo y conocer su historia.
Fue fundada a fines del siglo XIX y se incorporó como ciudad en 1911. Es la sede del condado de Charlton, ubicado en el extremo sureste del estado, muy cerca de la frontera con Florida.
Según el censo de 2020, tiene alrededor de 4,464 habitantes, con una notable población latina que representa más del 42 %. Su economía gira en torno a los servicios públicos, el turismo natural —al ser puerta de entrada al pantano Okefenokee— y el Centro de Detención de Inmigrantes operado por ICE.
Un detalle distintivo: es conocida como “Folkston Funnel” por su intenso tráfico ferroviario, en verdad, sino fuera por este detalle, nadie más interrumpiría la calma de sus pobladores.
Un corto abrazo
Conozco a Mario desde 2004 recién llegado a Atlanta, alto y delgado y como si la ropa que llevaba entonces fuera dos tallas superiores para su cuerpo, por eso sé que no es de andar dando abrazos o demasiadas muestras de afecto, y no es porque no sea cariñoso, sino porque así es su carácter, sin embargo, cuando aparecimos ante sus ojos, tras haber sorteado cinco controles de seguridad, tres externos y dos internos, como nunca antes lo vi vulnerable, metido en un jumper azul de prisionero y por un momento sentí que nos quiso abrazar a los tres juntos, urgido del calor de los amigos que como tantas otras cosas, les están siendo negadas en estos momentos.
Se emocionó en extremo con vernos, fue atento al cerciorarse de que estuviéramos cómodos y agradeció como un niño que le hubiéramos llevado “snacks”, parece que, de las cosas pequeñas, es lo que más extraña, al punto de compararlos con el valor del oro.
“No tenemos acceso a nada de esto”, fue una de las primeras revelaciones que nos hizo.
El tiempo en solitario
El pasado 14 de junio durante una manifestación en Chamblee, contra las políticas migratorias de presidente Trump, el reportero nacido en el Salvador el 25 de septiembre de 1977, fue arrestado por la policía de Doraville y trasladado a la cárcel del condado de DeKalb
Los cargos que le imputaron fueron, obstrucción a un oficial de la ley; caminar en la vía pública y participar en una manifestación no permitida, todos estos, delitos menores, pero al encontrarse él, sólo con una autorización de trabajo y no tener un estatus migratorio regular, tras habérsele negado una petición de asilo presentada en 2005, y en junio de 2012 otorgársele una salida voluntaria del país, fue puesto en “hold de inmigración” de acuerdo a como lo establece la ley estatal HB-1105 firmada por el gobernador republicano Brian Kemp el primero de mayo del 2024.
La madrugada del 18 de junio, a eso de las 3:30am, nos dijo Guevara que habían pasado unos oficiales de inmigración por su celda y junto a todos los que estaban para ser procesados y determinar si van de regreso a sus países o tienen una segunda oportunidad, fueron sacados a otro lugar donde esperaron varias horas.
“Como a las seis de la mañana se llevaron a los demás en autobuses y me dejaron solo a mí”, nos dijo.
En ese momento creyó que lo iban a liberar, pero no fue así.
“Entonces vinieron dos tipos grandotes uno blanco y uno moreno y me esposaron, me metieron a una camioneta y comenzaron a conducir”.
Guevara recuerda que el GPS de la camioneta les indicó 2 horas 30 hasta el lugar de destino, y eso lo desconcertó, porque él conoce las rutas y los tiempos a los centros de detención del estado.
La primera parada fue en las oficinas principales de la Patrulla Estatal en el centro de Georgia y ahí, dice que entendió que el oficial había pasado a recoger parte del expediente, que ahora tienen las autoridades en sus manos respecto a su caso, porque eso le habría mencionado uno de ellos.
“Luego manejaron más hacia el sur y cuando alcancé a ver una pista de aterrizaje, me llené de terror”, nos contó.
“Estos se salieron con la suya…me van a mandar directo a El Salvador”, dice que pensó, presa de los nervios que logró calmar cuando nunca se detuvieron y pudo mas tarde reconocer el camino que lo conducía a Folkston.
“Aquí había estado antes acompañando a un viaje de deportados, a los cuales sólo pude seguir hasta Texas, ya saben muchachos, porque no podía salir del país”, nos dijo siguiendo la narración.
Veintiún horas de castigo
La razón por la que no pudimos entrar en las horas de la mañana a visitar a Mario es porque se encuentra en la zona denominada “Restricted Housing Unit”, Unidad de Vivienda Restringida.
“Cuando me trajeron me dijeron eso, que me iban a colocar en este lugar porque yo era una persona muy conocida y no querían que alguien me fuera a querer hacer algún daño, pero aquí es donde traen a las personas que están castigadas, esas son las celdas de castigo”, nos dijo.
Eso quiere decir que en el lugar donde ha permanecido los últimos 11 días, no tiene interacción con nadie, excepto con sus guardias durante 21 horas, las otras 3 horas son las que más espera con ansias: La hora de lavar su uniforme, cuando puede interactuar con algunos a través de las vallas de seguridad y las dos horas de ejercicios, igualmente aislado por las jaulas metálicas que le impiden el contacto con nadie más en el patio donde recibe el sol.
“Pero tengo mi baño privado”, nos dice mientras se ríe, “Eso es una gran ventaja”.
Si se quiere, otra ventaja es que su celda no la comparte con otros y la luz del techo encendida las 24 horas le molesta menos por las noches porque se da el lujo de escoger dormir en la parte baja del camarote con la cara envuelta en las sábanas para poder conciliar el sueño.
“Tampoco tengo que aguatarme los ronquidos de los demás”, anota de manera jocosa, también dice que, para distraerse, pide que le traigan escobas, traperos y sacudidores con los que mantiene todo limpio, el resto del tiempo lee la biblia, oye radio a través de un mini transistor que le dan a todos los detenidos y duerme.
Nos contó que la primera noche en Folkston había dormido de manera relajada y profunda, tras largas jornadas en DeKalb donde el ruido, el olor a orines y a excremento de las celdas es insoportable.
“Aquí es otra cosa”, sin embargo, a la tercera noche abrió los ojos, y no obstante que las luces permanecían encendidas vio que todas las paredes eran negras y le daban vueltas.
“¡Fue horrible!, sentí que el pecho se me quería salir, me hacía bum, bum, bum y yo me ponía las manos en la cabeza, quería gritar…”
Entonces se puso a cantar algunas alabanzas, se arrodilló y comenzó a orar y a clamar y se calmó hasta el siguiente día.
La siguiente noche, le costó más trabajo conciliar el sueño, y cuando lo hubo logrado, cientos de patrullas y oficiales comenzaron a perseguirlo en una carrera sin fin, lo que volvió a exaltarlo y a crispar sus nervios.
“Me voy a volver loco”, dice que pensó.
La sicóloga del centro de detención que pasa cada 8 días por las celdas, le dijo que eso era “Prison shock” o estrés de encarcelamiento y que orar y meditar le harían bien.
Un mensaje para sus seguidores
Su paso por Folkston no ha sido desaparcibido, Mario nos dice que algunos de sus guardias la mayoría de ellos afroamericanos le han reconocido porque han visto las noticias en inglés y ya saben de quién se trata, pero igual, eso no cambia en nada su situación, así mismo con las personas a las que esporádicamente ve, ya sea entrando o saliendo para ser deportados.
Dice que le gustaría estar entre la gente oyendo sus historias, pero ha sabido que hay grupos grandes de latinoamericanos en las celdas que hacen ruido hasta la madrugada sin que nadie los controle y entonces agradece estar en solitario, aunque no es su estilo ni su costumbre.
“Quiero que le digan a la comunidad que no saben lo agradecido que estoy con todo lo que han hecho, por mí, por mi familia, sé que nos han enviado dinero sin pedírselo, le han enviado comida a mi familia a la casa sin pedírsela, no saben cuánto les agradezco ese cariño”, es parte del mensaje para su gente.
Cree que su vida ha cambiado de manera radical y que en las largas horas que tiene para pensar, no hace sino compadecerse por el dolor que cree, estarle causando a los suyos.
“Eso es lo que más me duele de todo esto, lo demás yo lo puedo resistir, Dios me da fuerzas, pero se que mi familia está sufriendo mucho”.
En lo profesional, cree que todo esto es el inicio de un cambio que no se esperaba de manera tan abrupta, pero que es esencial para continuar en las circunstancias y al rumbo que sean, al salir de Folkston.
La corte para pedir una fianza a las autoridades migratorias y determinar si el reportero Mario Guevara, sale libre, o permanece en detención y en proceso para ser deportado, es este martes primero de julio a las 8 de la mañana, él estará de manera virtual desde Folkston, y sus abogados, familiares y algunos amigos desde el Centro de Detención de Stewart.




